Guía visual de la piel

Te comentamos los diferentes tipos de piel y sus características

Piel Normal

La piel normal mantiene un buen equilibrio entre hidratación, sebo y función barrera, por eso suele verse uniforme, suave y confortable. Para cuidarla, lo ideal es conservar ese equilibrio: limpieza suave, hidratación diaria y protección solar. Una rutina constante ayuda a prevenir la deshidratación, mantener la luminosidad y reforzar el aspecto saludable de la piel.

Piel Seca

La piel seca aparece cuando la barrera cutánea pierde lípidos y agua, generando tirantez, aspereza, descamación y falta de confort. Para cuidarla, lo ideal es nutrir y reparar: limpieza suave, hidratación profunda y protección solar diaria. Una rutina constante ayuda a mejorar la elasticidad y a mantener la piel más flexible, luminosa y confortable.

Piel Grasa

La piel grasa aparece cuando las glándulas sebáceas producen más sebo del necesario, generando brillo, poros visibles y tendencia a imperfecciones. Para cuidarla, lo ideal es equilibrar sin resecar: limpieza suave, hidratación ligera y protección solar diaria. Una rutina constante ayuda a mejorar la textura y a mantener la piel fresca, confortable y con aspecto más uniforme.

Piel Mixta

La piel mixta combina zonas con más grasa, especialmente en frente, nariz y mentón, con áreas más secas o normales en mejillas. Para cuidarla, lo ideal es equilibrar sin saturar: limpieza suave, hidratación ligera y protección solar diaria. Una rutina constante ayuda a controlar el brillo y a mantener la piel fresca, uniforme y confortable.

Piel Sensible

La piel sensible reacciona con facilidad a cambios de temperatura, cosméticos agresivos o limpieza excesiva, provocando rojeces, tirantez o picor. Para cuidarla, es importante usar productos suaves, hidratar bien y protegerla cada día del sol. Una rutina sencilla con limpiador delicado, sérum calmante y protector solar ayuda a mantener la piel más equilibrada y confortable.

Piel Normal

La piel normal mantiene un buen equilibrio entre hidratación, sebo y función barrera, por eso suele verse uniforme, suave y confortable. Para cuidarla, lo ideal es conservar ese equilibrio: limpieza suave, hidratación diaria y protección solar. Una rutina constante ayuda a prevenir la deshidratación, mantener la luminosidad y reforzar el aspecto saludable de la piel.

Piel Seca

La piel seca aparece cuando la barrera cutánea pierde lípidos y agua, generando tirantez, aspereza, descamación y falta de confort. Para cuidarla, lo ideal es nutrir y reparar: limpieza suave, hidratación profunda y protección solar diaria. Una rutina constante ayuda a mejorar la elasticidad y a mantener la piel más flexible, luminosa y confortable.

Piel Grasa

La piel grasa aparece cuando las glándulas sebáceas producen más sebo del necesario, generando brillo, poros visibles y tendencia a imperfecciones. Para cuidarla, lo ideal es equilibrar sin resecar: limpieza suave, hidratación ligera y protección solar diaria. Una rutina constante ayuda a mejorar la textura y a mantener la piel fresca, confortable y con aspecto más uniforme.

Piel Mixta

La piel mixta combina zonas con más grasa, especialmente en frente, nariz y mentón, con áreas más secas o normales en mejillas. Para cuidarla, lo ideal es equilibrar sin saturar: limpieza suave, hidratación ligera y protección solar diaria. Una rutina constante ayuda a controlar el brillo y a mantener la piel fresca, uniforme y confortable.

Piel Sensible

La piel sensible reacciona con facilidad a cambios de temperatura, cosméticos agresivos o limpieza excesiva, provocando rojeces, tirantez o picor. Para cuidarla, es importante usar productos suaves, hidratar bien y protegerla cada día del sol. Una rutina sencilla con limpiador delicado, sérum calmante y protector solar ayuda a mantener la piel más equilibrada y confortable.

También te presentamos pieles con diferentes necesidades

Piel Deshidratada

La piel deshidratada aparece cuando pierde más agua de la que retiene, generando tirantez, apagamiento, líneas finas y sensación de falta de confort. Para cuidarla, lo ideal es reponer hidratación y proteger la barrera cutánea: limpieza suave, sérums hidratantes, crema adecuada y protección solar diaria. Una rutina constante ayuda a recuperar frescura, luminosidad y elasticidad.

Piel Madura


La piel madura presenta cambios naturales como pérdida de firmeza, elasticidad, luminosidad y aparición de arrugas o líneas de expresión. Para cuidarla, lo ideal es estimular, nutrir y proteger: limpieza suave, activos antioxidantes, hidratación reparadora y protección solar diaria. Una rutina constante ayuda a mejorar la textura y a mantener una piel más luminosa, confortable y revitalizada.

Piel con Manchas

La piel con manchas aparece por alteraciones en la producción de melanina, relacionadas con sol, cambios hormonales, edad o marcas postinflamatorias. Para cuidarla, lo ideal es unificar y proteger: limpieza suave, activos despigmentantes, hidratación equilibrada y protección solar diaria. Una rutina constante ayuda a mejorar el tono y a prevenir que las manchas se oscurezcan.

Piel con tendencia acnéica

La piel acneica se produce por exceso de sebo, obstrucción del poro, inflamación y proliferación bacteriana, generando puntos negros, granitos o brotes recurrentes. Para cuidarla, lo ideal es equilibrar sin irritar: limpieza suave, hidratación ligera, activos reguladores y protección solar diaria. Una rutina constante ayuda a controlar imperfecciones y mejorar la textura de la piel.

Piel con tendencia a rosácea

La piel con rosácea presenta tendencia a rojez persistente, sensibilidad, sensación de calor y, en algunos casos, pequeños granitos o vasos visibles. Para cuidarla, lo ideal es calmar y evitar irritantes: limpieza suave, hidratación protectora y protección solar diaria. Una rutina constante ayuda a reducir la sensación de incomodidad y a mantener la piel más calmada.

Piel Deshidratada

La piel deshidratada aparece cuando pierde más agua de la que retiene, generando tirantez, apagamiento, líneas finas y sensación de falta de confort. Para cuidarla, lo ideal es reponer hidratación y proteger la barrera cutánea: limpieza suave, sérums hidratantes, crema adecuada y protección solar diaria. Una rutina constante ayuda a recuperar frescura, luminosidad y elasticidad.

Piel Madura


La piel madura presenta cambios naturales como pérdida de firmeza, elasticidad, luminosidad y aparición de arrugas o líneas de expresión. Para cuidarla, lo ideal es estimular, nutrir y proteger: limpieza suave, activos antioxidantes, hidratación reparadora y protección solar diaria. Una rutina constante ayuda a mejorar la textura y a mantener una piel más luminosa, confortable y revitalizada.

Piel con Manchas

La piel con manchas aparece por alteraciones en la producción de melanina, relacionadas con sol, cambios hormonales, edad o marcas postinflamatorias. Para cuidarla, lo ideal es unificar y proteger: limpieza suave, activos despigmentantes, hidratación equilibrada y protección solar diaria. Una rutina constante ayuda a mejorar el tono y a prevenir que las manchas se oscurezcan.

Piel con tendencia acnéica

La piel acneica se produce por exceso de sebo, obstrucción del poro, inflamación y proliferación bacteriana, generando puntos negros, granitos o brotes recurrentes. Para cuidarla, lo ideal es equilibrar sin irritar: limpieza suave, hidratación ligera, activos reguladores y protección solar diaria. Una rutina constante ayuda a controlar imperfecciones y mejorar la textura de la piel.

Piel con tendencia a rosácea

La piel con rosácea presenta tendencia a rojez persistente, sensibilidad, sensación de calor y, en algunos casos, pequeños granitos o vasos visibles. Para cuidarla, lo ideal es calmar y evitar irritantes: limpieza suave, hidratación protectora y protección solar diaria. Una rutina constante ayuda a reducir la sensación de incomodidad y a mantener la piel más calmada.